Psicoanálisis y el Amor

Amar y trabajar

Sigmund, Freud

Es innegable que cuando hablamos del amor siempre nos convoca de alguna manera, nos interroga, nosinterpela, estas interrogantes se ven acrecentadas en una mayor dimensión cuando lo hacemos desde el lugar del neurótico. No es de extrañar que una de las principales quejas de todo neurótico es exactamente el problema amoroso;sea que se enamora de quien no debe o en su defecto desea a quien no ama, o ama quien no desea o simplemente no se puede enamorar, estas quejas son constantes en el neurótico.

Ya Freud lo había advertido “en el curso de los tratamientos psicoanalíticos, uno tiene hartas oportunidades de recoger impresiones sobre la vida amorosa de los neuróticos, y acaso recuerde haber hecho comprobaciones, por propias comprobaciones, por propia observación o por referencias”.  Si bien Freud en estos primeros acercamientos intenta responder a los mecanismos inconscientes presentes en degradación de la vida amorosa.

Pero más allá de los mecanismos inconscientes Freud logra advertir un problema mucho más complejo que se establece entre cultura y la vida amorosa, es decir, además de los impedimentos propios presentes en el neurótico, su accionar mismo se encuentra condicionado por un horizonte cultural, en este sentido Freud claramente advierte los propios límites que la cultura se impone en relación con el amor: “ Es fácil comprobar que el valor psíquico de la necesidad de amor se hunde tan pronto como se le vuelve holgado satisfacerse. Hace falta un obstáculo para pulsional a la libido hacia lo alto, y donde las resistencias naturales a la satisfacción no bastaron, los hombres de todos los tiempos interpusieron unas resistencias convencionales al goce del amor. Esto es válido tanto para los individuos como para los pueblos.

En épocas en que la satisfacción amorosa no tropezaba con ninguna dificultad, por ejemplo durante la decadencia de la cultura antigua, el amor perdió todo valor, la vida se volvió vacía e hicieron falta intensas formaciones reactivas para restablecer los valores afectivos indispensables. (Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa p.181) Un aspecto no deja de resonar en el párrafo anterior, “los hombres de todos los tiempos interpusieron unas resistencias convencionales al goce del amor” y la segunda no deja de interrogarnos para este mundo contemporáneo líquido “durante la decadencia de la cultura antigua, el amor perdió todo valor, la vida se volvió vacía”.

El amor y la sexualidad están en la base de la renuncia pulsional que el hombre ha establecido para poder vivir en sociedad, pero los diques impuestos no son sin consecuencias, un malestar nos aqueja, nos incomoda, y es que hay algo en la propia pulsión sexual que se opone a que se logre una plena satisfacción y con ello un apaciguamiento.

No obstante, las relaciones amorosas entre los hombre y mujer  ( aquí  me surgen múltiples interrogantes ) no siempre se han producido de igual manera desde Adán y Eva hasta mi vecina de enfrente; el marco simbólico en el cual se inscriben las relaciones sociales y con ella las relaciones amorosas se encuentra condicionado por una propia noción de lo que se entiende por lo amoroso en cada momento histórico, en este sentido Octavio Paz en la “Llama Doble” sostiene una tesis bastante audaz para pensar lo amoroso:

“La antigüedad grecorromana conoció el amor casi siempre como pasión dolorosa y,       no obstante digna de ser vivida y en sí misma deseable. Esta verdad, legada por los poetas de Alejandría y de Roma, no han perdido nada su vigencia: el amor es deseo de completud y así responde a una necesidad profunda de los hombres. El mito del andrógeno es una realidad psicológica: todos, hombres y mujeres buscamos nuestra mitad perdida. Pero el mundo antiguo careció de una doctrina del amor, un conjunto de ideas, prácticas y conductas encarnadas en una colectividad y compartidas por ella. La teoría que pudo haber cumplido esa función, el eros platónico, más bien desnaturalizo al amor y lo transformo en un erotismo filosófico y contemplativo del que además estaba excluida la mujer.

La tesis de Octavio Paz es totalmente audaz por el lado que se le quiera ver, afirmar que el mundo antiguo careció de una doctrina del amor”. Los hombres necesitamos un ordenamiento simbólico, un imaginario social, una estructura trascendente que explique nuestro accionar, sin ese marco de representación social los hombres no podríamos identificar, saber que nos estamos enamorando –no será que estamos enfermos– el orden discursivo crea al objeto y con ello los observables significativos. Es verdad la antigüedad no construyo un discurso sobre el amor, la antigüedad construyo un miedo al amor. Desde luego tendríamos que interrogarnos si en el mundo moderno –que algunos han llamado liquido— de igual manera existe un miedo al amor, Bauman en su libro “Amor Liquido” no deja de señalar la manera en hay que conducirnos en este nuevo horizonte de relaciones liquidas.

  1. Usted se encuentra ante una elección. Elige el amor o elige el deseo. El amor busca la eternidad. El deseo busca escapar a los grilletes del amor
  2. En la sociedad líquida la demora de la satisfacción es sin duda de los más aborrecido, nuestro mundo esta entregado a la velocidad y la aceleración, el amor es como las tarjetas de crédito, es posible concretar “el deseo sin demora”
  3. Piense usted un compromiso cierra la puerta a otras posibilidades románticas.
  4. Pero además escuche esta advertencia: las promesas de compromiso en una relación, una vez establecidas  “no significan nada a largo plazo”
  5. Si usted busca en el amor mitigar su soledad, tener una mayor seguridad, le advertimos todo lo contario, deberá estas permanente mente alerta y con una perpetua incertidumbre sobre la relación.
  6. Y en caso de establecer una un posible compromiso, le recomendamos una “una relación de bolsillo” es la encarnación de lo instantáneo y lo descartable, y recuerde nada de amor a primera vista, nada de enamorarse y nunca baje la guardia sobre estas reglas.
  7. En caso de desesperación y soledad una buena alternativa son las relaciones amorosas por internet, ahí siempre está la función de borrar.

Al hablar del amor nos enfrentamos a una complejidad vista desde el orden de lo simbólico e incluso en líneas del desarrollo en el ser humano. A través de la historia se ha mostrado que la importancia de las relaciones entre individuos tiene un fin, la reproducción de la especie. Sin embargo, existen diferentes fuentes en las que el individuo se relaciona con el Otro, sin duda estamos rodeados de objetos en el mundo interno y la función es entender como nos relacionamos con ellos desde el mundo externo.

Se ha interpretado amor a sí mismo como lo que en realidad a veces es una imposibilidad de amar, de disfrutar, compartir y ver al objeto más allá de una satisfacción o un objeto de goce. Amar sería reconocer y renunciar en ocasiones a la propia satisfacción. Existirá una capacidad de amar a otro, en el sentido de la alteridad, es decir en un ejercicio de reciprocidades.  Hoy en día nos encontramos con el discurso social de que el amor es algo que podemos comprar a través del celular o algo que se encuentra fácilmente, reemplazable y desechable. Sin embargo, la forma en que amamos al otro nos permite llegar a una conciencia de disfrute y organización amorosa en la genitalidad.

Este miedo al amar parte de un narcisismo e incapacidad de renuncia a todo placer autoerótico, a lo que se enfrenta cuando uno ama. Si la vida fuera tan fácil como mantenernos enamorados, nadie buscaría amar. Sin embargo, el amar representa la experiencia de la complementariedad desde los límites del otro, es decir, en la medida en que todo encuentro con el otro marca los límites de la posibilidad del encuentro con el otro, se hace que el amor se conserve. Es impresionante la cantidad de divorcios o jóvenes que evitan el compromiso del matrimonio más allá del discurso social, sino por una evitación a la propia frustración de la complejidad que representa amar.

En el texto de Freud “El malestar en la cultura” se explica como la sociedad ha tenido diferentes cambios y que a pesar de evitar el sufrimiento o lo displacentero es aquello que ha permitido construir una cultura o sociedad. El ser humano está llamado a la transformación y la necesidad de amar desde lo neurótico por ello encontramos tanto malestar en la cultura que a lo largo de los años se ha querido tapar con sustitutos que han dejado al ser humano herido en el encuentro con el amor. Y la complejidad no solo radica en el amor a una pareja, sino el amor al otro. Si se presenta el dinamismo tan complejo es por ello por lo que durante mucho tiempo ha permanecido el “divide y vencerás” en filosofías de vida en una cultura.

NOS-OTROS

Recordemos que, en las teorías de las pulsiones, la pulsión tiene cuatro términos: la fuente, la meta, la fuerza y el objeto. Pareciera que es como un caudal en donde en ocasiones la pulsión encuentra diferentes salidas o sustitutos por ello se dice que el Yo es un órgano libidinal, efecto del amor del otro y que constituye un objeto de representaciones.  Por ejemplo: el fetichismo, no tiene que ver con la elección de objeto sino con el deseo de goce, es decir el otro no es capaz de ser un objeto de amor y con la capacidad de reconocimiento, sin embargo, es un paliativo o sustituto de la descarga de la pulsión con un pequeño intento de acercarse a lo que representaría el amor.

Adriana

Adriana

Dejar una respuesta